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La música y el sonido en el aula de lengua castellana y literatura (pag 1)
Artículo publicado en "Comunicación y Pedagogía", número 173, marzo-abril 2001
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por Natalia Bernabeu Morón

 

“La música de la naturaleza comprende la naturaleza de todas las cosas/ la maravillosa correspondencia de los cielos/ de los elementos y de todas las criaturas/ está, pues, en especial, la música humana/ que consiste en la armonía del cuerpo humano/ o de sus sentidos internos y externos”
Athanasius Kircher, Misurgia universalis, 1662. (Citado en Roob, Alexander. Alquimia y Mística. Köln: Taschen, 1997.)

Introducción.
Los alumnos no son capaces de concebir un mundo sin sonido; por eso la música es nuestra gran aliada en el aula. Todos nosotros, inmersos en la cultura de lo audiovisual, tenemos registrados en la memoria determinados esquemas sonoros unidos a estados emocionales: así se habla de música de amor, de suspense, de miedo… Cuando se usa asiduamente la música en el aula, el ambiente se vuelve relajado y alegre. Los alumnos consideran que ésta pertenece a su mundo, que respecto a ella “tienen algo que decir”. Se sienten seguros, conocen el modo de comunicación, vía emocional, que ella propicia. Hablan, preguntan, intercambian opiniones con el profesor. A menudo, al cabo de unas semanas de estar utilizando la música y el sonido como recurso metodológico, los alumnos traen, para compartirlos, sus propios CDs, y suelen pedir permiso al profesor para utilizarlos. En este caso, hay que dejar claro que no todas las músicas son adecuadas para ser utilizadas en las actividades de enseñanza y aprendizaje. Los alumnos han de saber que lo que hacemos en clase es algo serio, controlado, con una finalidad; no un puro entretenimiento.

El poder de la música.
En muchos mitos sobre la creación del Universo el sonido desempeña una función importante. En la antigua Grecia, Orfeo era el cantor por excelencia, el músico y el poeta. Sabía entonar tan bellos cantos que las fieras lo seguían, las plantas se inclinaban ante él y los hombres más ariscos suavizaban el carácter. Con la música de su lira aplacó incluso a los dioses infernales cuando, según la leyenda, bajó a los Infiernos en busca de su amada Eurídice. Pitágoras se refería a la música como “medicina del alma”, concibió el Universo como un conjunto de armonías y números, propoporciones ideales que podían expresarse en una secuencia de sonidos. Los filósofos pitagóricos llamaban “música de las esferas” al sonido, inaudible para el ser humano, que los cuerpos celestes producían en sus movimientos exactos. Este sonido expresaba la armonía matemática del Cosmos. Aristóteles, por su parte, se refirió a la capacidad de la música para facilitar la catarsis emocional.

El hombre primitivo atribuía a la música un origen sobrenatural. Muchos ritos y curas mágicas utilizaban el sonido, el ritmo, los cantos y las danzas. Desde la antigüedad hasta nuestros días la música y el sonido han servido en los actos religiosos y políticos para crear determinados estados anímicos. Recordemos el canto gregoriano, el sonido de los cuencos tibetanos, las marchas militares, la utilización de la música en los espectáculos circenses, etc. En todos los casos se busca poner al oyente en un estado receptivo en el cual, además de poder disfrutar de la música, se sienta conmovido por ella.

El sonido es un elemento muy poderoso; puede ser beneficioso - en la medicina moderna, por ejemplo, es posible dirigir un haz de sonido potente y de tono agudo para hacer vibrar los cálculos renales o biliares y romperlos- o perjudicial: los seres vivos pueden morir si se les expone a sonidos por encima de 150 decibelios.

En la tribu moderna, el cine y la publicidad han prestado mucha atención a la banda sonora. En algunos casos se ha hecho un uso subliminal del sonido, como en la película El exorcista, que incluía sonidos subliminales del acto sexual, el zumbido de las abejas y el sacrificio de cerdos, entre otros . Recordemos también la utilización de la música de fondo en los grandes almacenes, para fomentar el consumo o para regular la velocidad con que los consumidores deben realizar sus compras, por ejemplo.

En el Renacimiento se estudian por primera vez los efectos de la música sobre la respiración, la presión sanguínea, la actividad muscular y la digestión. Desde el siglo XVIII hasta nuestros días han proliferado los estudios acerca de los efectos de la música sobre el cuerpo y la mente del ser humano. En los últimos años una nueva disciplina, la musicoterapia, la utiliza de forma controlada para “el tratamiento, rehabilitación, educación y adiestramiento de adultos y niños que padecen trastornos físicos, mentales o emocionales” . También tiene como objetivo “abrir, mejorar y restablecer los canales de comunicación entre las personas en un contexto no verbal” .

El sentido del oído. La memoria auditiva.
El sentido del oído es más primitivo que el de la vista. El oído humano dispone de 30.000 fibras nerviosas y es capaz de distinguir unas 340.000 frecuencias diferentes. Su sensibilidad es muy superior a la del ojo. El órgano del oído nos permite, además de escuchar los sonidos, ser conscientes de nuestra posición en el espacio y de nuestros movimientos; controla nuestro sentido del equilibro y nuestra capacidad para realizar movimientos coordinados. El sonido llega a nuestro cerebro a través de este órgano que oye todas las señales acústicas, las clasifica y analiza, las compara con la base de datos sonoros que almacena en la memoria, las reconoce e identifica. Todo ello se hace a nivel inconsciente, y sólo aquellas configuraciones sonoras que el subconsciente considera importantes se envían a la atención consciente. Entonces es cuando oímos. El oído está relacionado con la memoria auditiva: el cerebro registra el estímulo sonoro, conserva su recuerdo a corto y a largo plazo y recupera la información en el momento necesario. La memoria auditiva, como la visual, es global más que analítica: conservamos la imagen sonora con todos sus elementos interrelacionados (melodía, ritmo, timbre, intensidad…).

La música, cuya capacidad comunicadora es más sutil que la de las palabras “es un lenguaje no verbal, abierto, que permite que el oyente se proyecte en ella, dándole un significado personal, subjetivo, fruto de esa proyección individual” . Posee un poder de evocación superior al de las imágenes: se puede dibujar un paisaje o crear una atmósfera con muy pocos recursos sonoros. Bien utilizada puede tener efectos muy beneficiosos, tanto para el cuerpo como para la mente.

Efectos físicos y psicológicos de la música.
Los efectos físicos de la música se pueden medir con los modernos aparatos técnicos; los psicológicos son más difíciles de cuantificar, pero realmente se producen. Entre los primeros cabe destacar la aceleración o ralentización del ritmo cardíaco, los cambios metabólicos debido a la secreción de diversas hormonas, las alteraciones del ritmo respiratorio, los cambios en el sistema inmunitario, en el tono muscular y la temperatura basal, la modificación de la actividad neuronal en las zonas del cerebro implicadas en la emoción, etc.

Entre los segundos, se observa su poder para movilizar emociones y evocar sensaciones. Puede traer a la memoria olores y colores e, incluso, modificar el estado de ánimo del oyente. La música ayuda a la expresión de emociones profundas, estimula la atención, la capacidad de concentración, la memoria a corto y largo plazo; mueve a la reflexión, facilita la comunicación verbal, estimulando el uso del lenguaje, y provoca el placer estético.

La música hace posible olvidarse de lo real por un lapso de tiempo y dejar volar la mente hacia un mundo imaginario. Abre la puerta de entrada a un territorio mágico en el que el espacio y el tiempo adquieren una nueva dimensión. A través de ella los alumnos dan rienda suelta a su fantasía, asocian libremente, sienten, se emocionan, viven experiencias estéticas y espirituales, van sacando de sí mismos lo que llevan dentro, conocido o no. Esto favorece el autoconocimiento y la maduración interna.

Desde el punto de vista social, la música fomenta las relaciones entre los miembros del grupo, facilita la cohesión y el sentimiento de pertenencia al mismo, y contribuye al desarrollo de habilidades sociales. (continúa en pag. 2)

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