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Una nueva propuesta metodológica (pág. 2) : El modelo QuadraQuinta
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Por Natalia Bernabeu y Andy Goldstein

Principios generales que sustentan nuestro modelo metodológico.

Se aprende con todas las facultades de la mente y con todos los sentidos del cuerpo

La metodología que proponemos intenta desarrollar todas las capacidades intelectuales y emotivas de los alumnos. Se intentan potenciar la percepción, la observación, la sensibilidad; la espontaneidad, la curiosidad y la autonomía; la fantasía y la intuición. Se busca que los alumnos desarrollen la memoria visual, auditiva y cinética. Por eso las estrategias de aprendizaje serán muy variadas y entre ellas ocuparán un lugar importante aquellas que requieren movimiento y manipulación; se plantearán diversos caminos hacia el conocimiento que pueden y deben pasar por el mayor número de sentidos posibles.Nos parece importante que el conocimiento se viva y experimente para que quede así marcado en instancias más profundas de la personalidad. Se trabajará con actividades que potencien los sentidos - el oído, la vista, el tacto, el olfato, el movimiento…-, la iniciativa personal y la imaginación. Por eso también tienen cabida en el aula elementos no convencionales como el fuego, los aromas, la música, papeles y pañuelos de colores, imágenes paradójicas o sorprendentes, etc. Y se puede recurrir también al humor, al juego, al uso de elementos simbólicos e imaginarios; al trabajo en equipo; a audiciones, lecturas y escrituras creativas, etc.

El aula puede convertirse en un "temenos" o espacio sagrado de juego

El espacio ideal para desarrollar esta metodología sólo existe en nuestra mente. La realidad es bien distinta: La geografía de las aulas de Secundaria está llena de aristas y suele ser muy poco atractiva. Todo allí habla de rigidez: las sillas y mesas, el lugar del profesor, las ventanas, siempre algo sucias y desvencijadas, la pizarra, las puertas, las luces del techo… Es uno de los espacios menos creativos que existen.
Por eso es necesario transformarlo, para dotarlo de flexibilidad e interés. Con muy pocos recursos el aula puede convertirse en un temenos o espacio sagrado; lugar especial donde es posible la aventura de aprender. Se puede transformar la clase moviendo los muebles de sitio o haciendo que los que se desplacen sean los alumnos: cambiar de sitio es ponerse en el lugar del otro, cambiar de perspectiva, poder ver las cosas desde otro lugar; es romper con estereotipos, variar la rutina del "orden establecido"; y predisponer la mente y el espíritu para aceptar los nuevos conocimientos.
Otro recurso consiste en realizar un breve rito o ceremonia, que puede ser muy simple, pero que sirve a los alumnos como señal de que ahí, en ese momento, empezamos a hacer algo diferente y en otro lugar. Podemos, por ejemplo, adornar el aula con algún elemento simbólico, relacionado con lo que vamos a estudiar ese día; o recurrir a la música de entrada y de cierre, que indique que, en el periodo entre ambas melodías, el tiempo y el espacio adquieren una naturaleza propicia para que pueden ocurrir las cosas más insospechadas; sería el equivalente al redoble de tambores cuando comienza la función del circo, al "¡se levanta el telón!" y también –al final- cuando "cae el telón".

El profesor y los alumnos han de estar preparados para el intercambio

La enseñanza es ante todo comunicación. En el modelo QuadraQuinta, la relación entre el profesor y sus alumnos es muy intensa y moviliza muchas emociones. Para que el intercambio se produzca, tanto el profesor como los alumnos han de mantener una actitud abierta y receptiva. Si cualquiera de las dos partes está preocupada o bloqueada, la comunicación sufrirá interferencias o no se producirá. Por eso los docentes han de prepararse, y preparar a su vez a los alumnos, para el aprendizaje.
Una preparación muy fácil consiste en realizar algunas actividades motrices, (un breve caldeamiento en el que provocamos una descarga catártica de todas las tensiones corporales y emocionales), y una actividad de relajación y concentración.
El docente, como los propios alumnos, también llega a clase con conflictos, estrés, etc. Una maniobra muy fácil para quedar limpio cuando se está frente al grupo es la de sacar lo que vió y le preocupó y compartirlo con todos. Se puede hablar del tema directamente o como quien cuenta una historia ficticia, aprovechando el valor ejemplar de la narración.
El docente en todos los momentos de cada una de sus clases ha de estar con todos los sentidos despiertos, con todas sus facultades desplegadas, con sus capacidades racionales e intuitivas atentas y en tensión: por eso no puede sentirse incómodo, ni permitir que factores externos le distraigan. Ignorando cualquier sentido de culpa por ello, debe buscar su bienestar y comodidad, pues esto repercutirá positivamente en el grupo. La silla más cómoda, el lugar más adecuado, la fotocopia que mejor se ve, etc. deben ser para él.

Para enseñar y aprender hemos de emocionarnos

Tradicionalmente la escuela ha atendido sólo a los aspectos racionales del ser humano, pero sólo desde la emoción y con una actitud abierta, se puede aprender y enseñar. Los últimos descubrimientos en el campo de la ciencia cognitiva están demostrando que la emoción ejerce un papel activo y fundamental en la adquisición del conocimiento.
Los adolescentes no hablan de sus procesos emocionales, el modelo dominante que ofrecen los medios de masas y que ellos han interiorizado es el de que hay que ser triunfadores, fuertes y competitivos. Sin embargo no se puede achacar tan sólo a los medios de comunicación o a los alumnos este déficit, ya que tradicionalmente los maestros y educadores también hemos guardado nuestras emociones y sentimientos, hemos transmitido a través del aprendizaje informal (aquel que opera a partir de la imitación de modelos) que de lo que "verdaderamente importa" - las emociones y los sentimientos-, está prohibido hablar.
Cuando movemos el cuerpo ponemos en marcha las emociones. Relajarnos, bajar los muros y defensas, imaginar, recrear, sentir, son acciones que involucran a toda la personalidad. Nuestro modelo metodológico trabaja con todas estas situaciones, por eso los docentes deben saber operar con las emociones en el aula (las propias y las de sus alumnos).

Cada sesión conduce al centro de un laberinto

El aprendizaje significativo puede realizarse por recepción -a través de las explicaciones del profesor- o por descubrimiento: la comprensión se va realizando poco a poco, de modo parcial, en el transcurso de las actividades, a lo largo del proceso. Al final, se descubre la totalidad.
El modelo QuadraQuinta trabaja con el segundo tipo. Por ello, toda la actuación didáctica ha de estar bien graduada y las actividades deben llevar a los alumnos de forma gradual a descubrir los contenidos. El acercamiento al núcleo de aprendizaje no ha de ser sólo por vía racional, sino que debe ser también un acercamiento intuitivo, emotivo, irracional. Pueden ser pequeñas aproximaciones parciales que, unidas al final, acaben dibujando el todo.
Los contenidos de aprendizaje deben estar graduados, enlazados, y presentados de forma coherente. En todas las sesiones, debe existir un hilo conductor que lleve a los alumnos a desentrañar el misterio, a llegar al centro del laberinto, a descubrir y asimilar el nuevo conocimiento Para conseguir esto, es muy importante programar entre actividad y actividad distintos entrenamientos. Así, hay que escoger cuidadosamente el momento en que se da la información teórica. Los conceptos nunca se dan "en el vacío", sino después de que los alumnos hayan realizado una serie de actividades que les permitan descubrir o experimentar los aspectos que se van a trabajar de forma teórica. El profesor tendrá las manos llenas de preguntas, no de respuestas. Lo importante no es entregar "la suma del conocimiento" sino dar la información relevante en el momento en que los alumnos la necesiten y demanden. Todos los docentes, cuando empezamos a dar nuestras primeras clases, sentimos la necesidad de demostrar lo que sabemos dando una cantidad excesiva de información; el tiempo nos enseña a entregar con cuentagotas los nuevos saberes.

Hay un momento para hacer; otro para reflexionar sobre lo hecho y evaluar lo realizado

Para favorecer el aprendizaje es importante no criticar ni juzgar. Si el profesor o los propios alumnos, consigo o con los otros compañeros, muestran una actitud crítica sobre lo que están haciendo, no podrán actuar libremente, no darán cauce a todas sus potencialidades, por miedo al error o al ridículo: su proceso de aprendizaje se bloqueará.
En este modelo metodológico es muy importante ampliar los límites de libertad, crear en el aula un clima de tolerancia propicio para que los alumnos puedan expresarse. También hay que evaluar lo hecho, pero nunca a lo largo del proceso, sino cuando éste ha terminado. Esta evaluación debe ser formativa: debe sacar a la luz los fallos y errores para aprender de ellos y superarlos, debe dar a los alumnos el mapa de lo que hasta ahora han aprendido y lo que les queda por aprender, debe ayudarles a formarse una idea ajustada de su proceso de aprendizaje y a tomar conciencia de sus logros y dificultades; y debe, por último, motivarlos también para que sigan avanzando. (continúa en pág. 3)

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