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La biblioteca escolar: espacio real y espacio simbólico* (pág 2)
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por María Jesús Illescas Núñez y Natalia Bernabeu Morón

 

EL CAMBIO ES POSIBLE
El concepto de enseñanza y aprendizaje del que venimos hablando supone una transformación profunda de la escuela que, sin embargo, es posible. Todo lo anteriormente expuesto está presente en las intenciones educativas de la LOGSE: la idea de una escuela participativa, abierta al exterior, relacionada con su entorno, en la que los alumnos -orientados por sus profesores- sean los protagonistas de su proceso de aprendizaje; una escuela en la que se atienda a sus más variadas necesidades; que integre de forma solidaria a todo tipo de alumnado. La LOGSE, además, da el protagonismo a los docentes, que pueden tomar un mayor número de decisiones respecto al desarrollo de su materia.

Los currículos de las diversas áreas recogen entre sus objetivos y contenidos todas estas capacidades de lectura y manejo de información a las que nos estamos refiriendo. Por tanto, junto a la demanda social existe una base legal: se dan las condiciones para este cambio.

Pero para que sea real habrá que crear en los centros nuevas estructuras organizativas y favorecer una metodología basada en la adquisición de estrategias para el manejo de la información. La gran mayoría de los docentes son profesionales competentes y comprometidos con su labor educativa pero han recibido una escasa formación en estos aspectos, por lo que no siempre se deciden a abordarlos.

Los profesores deben ser el motor de estos cambios, pero no pueden asumirlos en solitario. Han de contar con apoyos tanto externos como internos. Los externos son aquellos que debería ofrecer la Administración, tales como: aspectos normativos que favorezcan este cambio, recursos humanos y materiales, asesoramiento y servicios complementarios, etc. Los apoyos internos se refieren a todos aquellos cambios que los centros, haciendo uso de su autonomía, deberán realizar para favorecer una mayor flexibilidad en la organización de espacios y horarios; para aprovechar de forma óptima los recursos económicos, racionalizando el gasto según criterios pedagógicos; para promover iniciativas innovadoras, evitar la infrautilización de los recursos didácticos y hacer que existan canales a través de los cuales la información llegue a toda la comunidad educativa.

Nosotras pensamos que la biblioteca escolar debería ser un recurso fundamental para alumnos y profesores, y que su buen funcionamiento contribuye a la modernización de la escuela. La biblioteca, por una parte, facilita la formación y la participación de los alumnos, permite atender a los diversos ritmos de aprendizaje y a la diversidad de intereses; por otra, facilita documentación al profesorado, fomenta el trabajo cooperativo entre los docentes de diversas áreas y permite abordar la transversalidad.

No existe en nuestros centros educativos la tradición de trabajar en la biblioteca, al igual que ocurre en otros países de nuestro entorno. Esto es debido en gran medida a que aquí no se ha desarrollado de forma óptima un sistema bibliotecario que forme parte de la vida cotidiana de los ciudadanos. En todo el conjunto, las más desfavorecidas son las bibliotecas escolares que, en muchos casos, ni siquiera existen.

A esta falta de tradición se añade la escasez de recursos. El panorama es ciertamente desolador. Aquellas bibliotecas que se han creado en los centros educativos suelen estar atendidas de forma irregular, carecen de dotación suficiente y presentan grandes desequilibrios en la composición de sus fondos. Algunas cuentan, incluso, con mayor número de documentos para los profesores que para los alumnos. Ciertas bibliotecas escolares cuentan con buenas instalaciones y abundantes fondos y, sin embargo, están infrautilizadas por diversas causas: no existe un profesor-bibliotecario, por lo que el horario de apertura es muy limitado; los alumnos apenas pueden frecuentarla durante el horario lectivo; el profesorado carece de formación para integrar la biblioteca en el trabajo pedagógico, etc.

Es evidente que hace falta aportar recursos para el desarrollo de las bibliotecas escolares, pero esto no basta. Cuando expresamos la idea de la biblioteca como lugar simbólico nos referimos a que ésta no se reduce a unas instalaciones y dotaciones apropiadas: lo verdaderamente importante son las interacciones que allí se producen entre profesores, alumnos, documentos y fuentes de información externas. Dichas interacciones generarán una transformación del centro educativo e, incluso, del entorno.

Este modelo de biblioteca escolar no es la expresión de un deseo ni constituye una idea abstracta, sino que ha sido experimentado en veinte centros educativos con un programa piloto desarrollado por la Dirección General de Renovación Pedagógica durante el curso 1995-96 y de cuya evaluación se pueden extraer interesante consecuencias. En este programa se abordaron de forma global, por primera vez, los siguientes aspectos: dotación económica, dotación de fondos, formación del claustro y del profesor-bibliotecario, publicaciones divulgativas sobre la biblioteca escolar, herramientas para facilitar y normalizar el trabajo documental (aplicación informática, bases de datos de libros catalogados, lista de descriptores, etc.) y asesoramiento en la metodología del proyecto y en su desarrollo.

 

*Artículo publicado en la revista Literatura Infantil y Juvenil, número 149, verano 1997 (España). Número monográfico sobre el Primer Encuentro Nacional sobre Bibliotecas Escolares. Pag. 55-58.

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