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El pasillo de tercero de la ESO

por Natalia Bernabeu Morón


Frecuentemente cometemos el error de confundir educación con entrenamiento, cuando en realidad se trata de actividades muy distintas. El entrenamiento tiene el fin de transmitir cierta información específica necesaria para realizar una actividad especializada. La educación es la construcción de una persona. Educar significa sacar o evocar aquello que está latente; por lo tanto, educación significa sacar fuera las capacidades de la persona para entender y vivir, no llenar a una persona pasiva de conocimientos preconcebidos.
Stephen Nachmanovitch. Free Play.

En mi instituto, el pasillo de tercero de la ESO es intransitable. Entre clase y clase los alumnos de los cuatro cursos que dan a ese pasillo salen de sus aulas y permanecen fuera, hablando a gritos, corriendo, pegándose… Parece una guerra o una jaula de locos. Los profesores que recorremos esa corta pero al mismo tiempo larguísima distancia, nos enfrentamos a una tarea difícil: Hemos de mantener un porte digno en medio de carreras y empujones; regañar un poco, o hacer como que regañamos, pues apenas se nos oye, ya que todos gritan….Con los libros en la mano, seguimos nuestro camino, como podemos, hasta que entramos en la clase y los chicos y chicas se sientan al cabo del rato, armando un ruido ensordecedor, pues encuentran tremendamente placentero arrastrar las sillas y los pupitres. El aula, una vez más, está hecha un desastre.

¿Cómo iniciar la tarea de cada día en estas condiciones? ¿Cómo hacer entrar a estos alumnos en un estado mental lo suficientemente tranquilo como para que puedan prestar una mínima atención a lo que los profesores tenemos que decirles?.

Muy frecuentemente, el profe llega con cara de pocos amigos, (ellos no saben de su desconcierto), les regaña, les manda colocar las mesas de una en una, para evitar que hablen, para que haya en la clase algo de disciplina… Pero ¿de dónde han salido estos chicos? – se pregunta el sufrido profesor- ¿Para esto he dedicado al estudio largos años de mi vida?.

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Los nuevos parámetros culturales

"Como los navegantes, tampoco los educadores y los hombres de cultura pueden decidir cuáles son los vientos que han de soplar: Lo único que pueden hacer es adaptarse a ellos, sacarles partido".
Joan Ferrés. Educar en una cultura del espectáculo. Paidos.

En los tiempos que corren las diferencias entre la cultura "oficial" – la que se enseña en la escuela – y la popular o de masas - difundida por la televisión y los demás medios tecnológicos de la nueva sociedad de la información - son cada vez mayores. La escuela opera con una lógica racional; los medios audiovisuales y tecnológicos, en cambio, apelan a las emociones.

La televisión, como máximo exponente de esta cultura popular, favorece actitudes superficiales y poco críticas. A pesar de que la realidad se presenta ante nuestros ojos cada vez más compleja, variada y llena de matices, la mayoría de los relatos televisivos hablan de un mundo uniforme y estereotipado; transmiten los "valores establecidos", niegan la diferencia y fomentan el conformismo. El mensaje televisivo constituye una mezcla amorfa de fragmentos en los que destaca el elemento espectacular y cuyo hilo conductor son los espacios publicitarios. Esta fragmentación en la narración - unida a la práctica del zapping - crea mensajes desestructurados, sin cierre y, por lo tanto, carentes de significación.

El receptor, para poder decodificar imágenes que muy a menudo despiertan en él emociones opuestas (piénsese en las escenas de un atentado terrorista, seguidas de un corte publicitario que habla de "cuerpos Danone"), sólo puede establecer con la pantalla - por propia higiene mental – una relación de "mirón superficial"; actitud desapegada que frecuentemente traslada a otras actividades de la vida cotidiana.

En los últimos tiempos, la guerra por captar y mantener audiencias ha determinado la exageración, hasta unos niveles impensables, de ciertos rasgos del discurso televisivo como son: el dinamismo y el caos (cada vez más imágenes, más acción, más contenidos conflictivos, más fragmentación que dan como resultado un producto final desordenado y caótico); el sensacionalismo (para sorprender al espectador la televisión recurre a la gratificación sensorial inmediata y a la espectacularidad de las puestas en escena) y la apelación a lo emotivo.

Joan Ferrés, se refiere en su estudio a la hipertrofia de las emociones: el lenguaje audiovisual, con el fin de potenciar las emociones, recurre a diferentes recursos como la saturación de estímulos visuales y sonoros o la provocación intencionada de los mecanismos psicológicos, casi siempre inconscientes, de identificación y proyección.

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La difícil tarea del docente

El profesional de la enseñanza desarrolla su labor en una sociedad dinámica y conflictiva, en la que los procesos informativos únicos han sido sustituidos por flujos continuos de información descontextualizada y desestructurada y en la que la cultura dominante favorece la falta de reflexión y el descontrol de las emociones primarias. Enseñar consistirá por lo tanto en dotar a los alumnos de las habilidades necesarias para adaptarse a nuevas y distintas situaciones y en ayudarles a descubrir unas cuantas certezas que les permitan interpretar el complejo mundo circundante.

El momento de crisis que vive el sistema educativo tiene que ver, entre otras causas, con la excesiva rigidez de la escuela frente a este mundo cambiante; con la pérdida de importancia de la escuela como única fuente de información y conocimiento; con la acción socializadora de los medios de comunicación de masas, con el deterioro de la figura del docente y con la confusión de valores con que llegan los alumnos a las aulas. Por otra parte, hay que señalar también la necesidad de hacer frente a los nuevos retos planteados en la LOGSE (educación integral, atención a la diversidad, integración de alumnos con necesidades educativas especiales, educación de valores etc.).

En los próximos años toda la comunidad educativa va a tener que realizar un gran esfuerzo de adaptación para ajustar su marcha a la de la sociedad de la información. Problemas como la enajenación de los alumnos, la ansiedad del profesorado, los altos índices de fracaso escolar, etc. parecen demandar un cambio. Desde mi punto de vista, este cambio ha de estar relacionado con la modificación de la práctica docente, atenta tradicionalmente a los aspectos lógicos y racionales del pensamiento. Se trata de adoptar una metodología más participativa y creativa, que dé cabida a lo intuitivo, a lo emocional y a la expresión de los sentimientos.

En este contexto, merece la pena hacerse algunas preguntas: ¿Qué fin último debe perseguir la educación en una sociedad globalizada? ¿Cuáles son las características mentales y psicológicas de los alumnos con los que los docentes hemos de trabajar cada día en las aulas?. ¿Cuál es la forma más adecuada de transmitir el conocimiento? ¿Son válidos los modos tradicionales de enseñar y aprender? ¿Qué cambios metodológicos facilitarían el proceso de aprendizaje? ¿Cuál debería ser la función del profesor en los tiempos actuales?

 

BIBLIOGRAFÍA
IMBERNÓN, Francisco. (Coord.). La educación en el siglo XXI. Los retos del futuro inmediato. Ed. Graó: Barcelona, 1999.
JAIME ETCHEVERRY, Guillermo. La tragedia educativa. Fondo de Cultura Económica: Buenos Aires, 1999.
TEDESCO, Juan Carlos. El nuevo Pacto educativo. Anaya Alauda: Madrid, 1997.

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