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La materia prima
con la que trabajamos los docentes
por Natalia Bernabeu Morón
La materia prima con la que trabajamos los docentes
son seres humanos en vías de formación. Como en el caso
de los sacerdotes, los médicos y enfermeras, los trabajadores sociales,
los psicólogos y terapeutas, nuestra labor implica asumir una gran
responsabilidad: debemos abordarla con humildad y respeto.
Los alumnos que actualmente acceden a las aulas han crecido
con el mando a distancia y el ratón del ordenador en la mano. Su
proceso de aprendizaje ha estado ligado a la recepción de mensajes
desordenados y fragmentados; a la fascinación de las imágenes;
a la emoción y a la creatividad, al conocimiento intuitivo, a las
percepciones múltiples.
¿Cuáles son los rasgos que definen a estos
alumnos?
He aquí algunos aspectos de su personalidad que convendría
que los docentes tuviéramos en cuenta:
Debido a su práctica de descodificar mensajes audiovisuales,
son capaces de percibir y entender de forma simultánea contenidos
muy variados, tanto verbales como sonoros o audiovisuales. Pueden, por
ejemplo, escuchar y traducir la letra de una canción en inglés,
oír la voz en off y, al mismo tiempo, descodificar palabras escritas
que aparecen superpuestas en la pantalla; atender a los distintos sonidos
que conforman la banda sonora: el valor simbólico de los ruidos,
lo que evocan las distintas clases de músicas, el efecto cinético
de los ritmos, el valor expresivo del silencio y captar todo tipo de imágenes
en movimiento, imágenes superpuestas, reales y virtuales, etc.
Esta decodificación no se lleva a cabo por vía racional,
sino emotiva (Joan
Ferrés). En muchas ocasiones, aunque efectivamente la percepción
múltiple se produce, no son capaces de verbalizarla.
Acostumbrados a la espectacularidad y al ritmo trepidante de los
contenidos televisivos no tienen paciencia para aceptar el tiempo real
y la ausencia de espectacularidad de la vida cotidiana. No toleran el
aburrimiento.
Ante la recepción continua de mensajes que gratifican los
distintos sentidos y movilizan las emociones, los contenidos didácticos,
necesariamente, les parecen fríos y aburridos. Por eso muestran
una muy escasa motivación e interés hacia el estudio.
La hiperestimulación del sentido del oído, los altos
índices de sonido y vibración con los que conviven diariamente
hacen de ellos una generación que huye del silencio. En el aula,
existe constantemente un "colchón sonoro" sobre el que
se deben superponer las comunicaciones verbales.
Son hiperactivos, están llenos de ansiedad, alienados; les
domina la impaciencia: viven con una sensación continua de prisa.
Esto les hace estar vertidos hacia fuera; y les impide verse a sí
mismos. Les cuesta reconocer y expresar sus sentimientos y deseos.
Les mueven emociones primarias que no saben en muchas ocasiones
reconocer ni controlar. Tienen poca resistencia a la frustración
pues están acostumbrados a la gratificación inmediata. No
pueden retardar la gratificación.
Muestran una gran dificultad para la abstracción, el análisis
y la reflexión. Han desarrollado el pensamiento intuitivo, irracional,
global y sintético. Piensan con imágenes, no con palabras.
Poseen mucha información, pero no saben estructurarla. No
cuentan con puntos de referencia que les permitan adoptar una actitud
crítica ante la realidad.
Muestran una atención flotante, como la que desarrollan cuando
ven la televisión. Su actitud mental se caracteriza por la dispersión,
no son capaces de concentrarse en las reflexiones del profesor o en las
tareas específicas cuando estas son demasiado largas.
Presentan dificultades en las habilidades relacionadas con la lectoescritura:
cada vez más llegan a la Enseñanza Secundaria alumnos incapaces
de realizar la lectura comprensiva de un texto o de escribir con corrección.
Influenciados por los contenidos míticos presentes en los
relatos audiovisuales, la publicidad, los videojuegos, los juegos de rol,
etc. se muestran receptivos a las formas actuales del mito y el rito.
Son sensibles al lenguaje simbólico, entienden (aunque no por vía
racional) la metáfora.
Han interiorizado muchos de los valores y contravalores propuestos
por los medios: cierto conformismo, una visión estereotipada de
la realidad, actitudes consumistas, competitivas; de culto a la imagen
o a la apariencia etc. En ocasiones muestran rasgos de intolerancia (racismo,
machismo, comportamientos violentos). Por contra, también se adhieren
a causas justas: son solidarios, creen en la paz, valoran la amistad,
les preocupa el Planeta Tierra.
Lo han visto casi todo pero no han vivido apenas nada. Están,
al mismo tiempo, deseosos y temerosos de tener experiencias vitales.

BIBLIOGRAFÍA
AGUILAR CARRASCO, Pilar. Guía del telespectador inteligente.
Ed. Fundamentos: Madrid, 1996
FERRÉS, Joan. Televisión subliminal. Paidós:
Barcelona, 1996.
FERRÉS, Joan. Educar en una cultura del espectáculo.
Paidos: Barcelona, 2000.
GOLEMAN, Daniel. Inteligencia emocional. Editorial Kairós:
Barcelona, 1997.
VALLEJO-NÁJERA, Alejandra. Mi hijo ya no juega, sólo
ve la televisión. Ediciones Temas de Hoy: Madrid, 1996.

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