[El soñador]
Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio
la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero
a los pocos dí nadie ignoraba que el hombre taciturno venia del
sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están
aguas arriba en el flanco violento de la montaña, donde el idioma
zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la
lepra. Lo cietro es que el hombre gris besó el fango, repechó
la ribera sin apartar la ribera sin apartar, probablemente sin sentir
las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado
y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo
de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza
Jorge Luis Borges. Las ruinas circulares.
Ed. Cátedra.