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SER JUSTO
Iba por mi camino
hacia Granada, cuando me topé con un grupo de guerreros cristianos
alrededor de un noble moro que demostraba en la batalla su fortaleza,
su valor y su nobleza de alma. Ya caía malherido, ya las fuerzas
le faltaban; los caballeros cristianos decidían si lo mataban.
Algunos cristianos apostaban por matarlo, pero otros, encabezados por
un hombre que irradiaba nobleza, compasión y leyenda estaban a
favor de salvarlo. Al no saber qué hacer, me preguntaron. Yo no
sabía qué responder, tan sólo iba hacia Granada,
¿cómo me había convertido en el juez que tenía
que decidir si ese hombre seguiría con vida o no?.
Me sentí
muy asustada. Quería ser justa, pero ansiaba el favor de aquel
caballero. Entonces hice un rápido balance de mis intereses y me
di cuenta, tristemente, de que a mí me daba igual el guerrero moro
del león en el escudo, y que sólo me importaba lo que pudiese
pensar el caballero. Quería saber por qué estaba interesado
en salvar la vida de aquel hombre.
Le pregunté
al caballero por qué creía que el hombre-león debía
vivir y así me contestó:
- Mi caminante,
¿matarías a la persona que muere a tu lado, a la que llora
a su amigo como lloras tú al tuyo, a la que reza a su Dios como
tú rezas al tuyo?. Este hombre es nuestro lado opuesto, pero a
la vez, es igual; nos complermenta.
Desde entonces,
veo la vida de otra manera
Ángela
Sereno Moure. (Cuarto ESO A).
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