Relajación fácil para alumnos
difíciles
Por
Natalia Bernabeu Morón
En este documento se ofrecen cinco ejercicios
básicos de concentración/ relajación, para aquellos
docentes que quieran comenzar por algo sencillo y facilmente asimilable
por todo tipo de alumnado.

| Ejercicio Nš 1 |
Respiración consciente |
Tomar conciencia de la propia respiración |
| Ejercicio Nš 2 |
Sonidos de fuera, sonidos de dentro |
Ejercitar la percepción |
| Ejercicio Nš 3 |
Columna de hierro, columna de goma |
Destensar la columna vertebral y la
espalda |
| Ejercicio Nš 4 |
El casco de minero |
Relajar la mente |
| Ejercicio Nš 5 |
La biblioteca misteriosa |
Dejar volar la imaginación |
(Estos ejercicios deben hacerse con un fondo musical
suave)
Ejercicio Nš 1: Respiración
consciente.
Sentado en tu silla, con la espalda muy recta, respira tranquilamente.
Observa cómo es tu respiración: agitada o serena, corta
o profunda, regular o irregular
Cierra los ojos y concéntrate
en el recorrido del aire en tu interior: cómo entra y cómo
lo expulsas. Ve haciendo que tu respiración sea cada vez más
profunda. Respira tres veces llenando de aire el abdomen y el pecho.
Expulsa el aire cada vez, muy despacio. Por último, abre los
ojos y mueve los hombros en círculos, hacia atrás.

Ejercicio Nš 2: Sonidos
de fuera, sonidos de dentro.
Sentado cómodamente en tu silla, con los pies apoyados
en el suelo, la espalda muy recta y las manos sobre tus rodillas,
cierra los ojos y concéntrate en todos los sonidos y ruidos
que llegan de fuera: unos pasos, una puerta que se cierra, el ladrido
de un perro a lo lejos
Poco a poco, empieza a prestar atención
a los sonidos de dentro
quizás escuches un zumbido grave
o un pitido agudo
o quizás oigas el latido de tu corazón
Lentamente, vuelve a escuchar los sonidos de fuera. Abre los ojos,
al mismo tiempo que estiras los brazos hacia delante.

Ejercicio Nš 3: Columna
de hierro, columna de goma.
Sentado cómodamente en tu silla, con los pies apoyados
en el suelo, la espalda muy recta y las manos sobre tus rodillas,
cierra los ojos y haz tres respiraciones abdominales profundas. Empieza
a respirar más lentamente y concéntrate en tu columna
vertebral. Recórrela mentalmente de abajo a arriba. Imagina
que tiene la dureza y rectitud de una barra de hierro. Imagina que
de pronto se fuera convirtiendo en una barra de goma, flexible y blanda.
Vuelve a sentir que tu columna es, sucesivamente, de hierro y de goma.
Después, lentamente, mueve los hombros hacia atrás y
abre los ojos.

Ejercicio Nš 4: El casco
de minero.
Sentado en tu silla, con la espalda muy recta y los ojos cerrados,
respira tranquilamente. Ve haciendo que tu respiración sea
cada vez más profunda. Respira tres veces llenando de aire
el abdomen y el pecho. Expulsa el aire cada vez, muy despacio. Imagina
que sobre tu cabeza llevas puesto un casco de minero, de esos que
tienen una lámpara en la frente. Intenta, sin abrir los ojos,
mirar fijamente esa lámpara durante un rato. Cuando lo creas
oportuno, abre los ojos.

Ejercicio Nš 5: La biblioteca
misteriosa.
Sentado en tu silla, con la espalda muy recta, respira tranquilamente.
Cierra los ojos, concéntrate en el recorrido del aire en tu
interior y ve haciendo que tu respiración sea cada vez más
profunda. Imagina que tu cuerpo es una casa, llena de habitaciones.
Los pies, las piernas y los muslos son el sótano; las caderas,
el vientre y la cintura, la planta baja; el estómago, el pecho
y el tórax, el primer piso. La columna vertebral y la espalda,
son las escaleras que unen todos los aposentos. Los hombros, el cuello
y la cabeza forman el último piso. Imagina ahora que en la
parte más alta de tu cabeza se levanta una torre que alberga
una extraña biblioteca, llena de hermosos libros. Imagina que
estás ahí y que tienes un libro entre las manos: siente
su tacto y la textura del papel; intenta recordar el olor de sus hojas
impregnadas de tinta y de sus viejas tapas de piel. En esa torre,
coincidiendo con el centro de tu frente, hay una ventana que se abre
a un espacio infinito. Asómate a ella durante unos segundos,
antes de abrir suavemente los ojos, mientras giras los hombros hacia
atrás y estiras, por fin, los brazos.