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Cerebro de liebre, mente de tortuga
Guy Claxton. Cerebro de Liebre, Mente de Tortuga. Por qué aumenta nuestra inteligencia cuando pensamos menos. Urano: Barcelona, 1999. (Comentario realizado por Natalia Bernabeu Morón)

 

Índice
1. La velocidad del pensamiento.
2. Inteligencia básica: aprender por ósmosis.
3. Verbalización prematura: El pensamiento interfiere en el camino del aprendizaje.
4. Sabemos más de lo que creemos: Intuición y creatividad.
5. Tener una idea: El pausado arte de la gestación mental.
6. ¿Pensamos demasiado? La razón y la intuición como antagonistas y aliados.
7. Percepsión sin conciencia.
8. La autoconciencia.
9. El cerebro de la operación.
10. El sentido de la conciencia.
11. Prestar atención.
12. Los rudimentos de la sabiduría.
13. La sociedad de la submente: Hagamos trabajar a la tortuga.

Comentario
Guy Claxton distingue distintas formas de pensamiento, según el ritmo al que funcione la mente, que puede hacerlo a tres velocidades:

1.- La forma más rápida es aquella que aplicamos en situaciones que requieren una reacción automática, instantánea. Este tipo de inteligencia es el que actúa más rápido que el pensamiento, por ejemplo, en un accidente, cuando hemos de salir de un peligro inminente.
2.- Es el pensamiento propiamente dicho, la forma de conocimiento que se basa en la razón y en la lógica. El pensamiento consciente e intencional. Es lo que tradicionalmente se llama intelecto y que este autor denomina Modalidad-d (deliberada).
3.- Claxton señala que por debajo de esta forma de pensamiento existe otra que trabaja a un ritmo mucho más lento, se asocia con lo ocioso y lúdico, con la ensoñación, con la contemplación y la meditación. Es una forma de pensamiento en la que nos permitimos divagar, pensar cosas aparentemente sin sentido: frente al mar, en la frontera entre el sueño o la vigilia… usamos una modalidad mental distinta a la que ponemos en marcha cuando, por ejemplo, dictamos una carta. Esta forma más lenta de conocimiento es tan inteligente como las otras más rápidas. Resulta muy eficaz cuando hay que aclarar situaciones complejas, oscuras, poco definidas o cuando la cuestión es tan sutil que no se deja capturar en las categorías habituales del pensamiento consciente. Este tercer tipo de pensamiento se asocia con la creatividad.

Dice Claxton que en nuestra sociedad occidental sólo el pensamiento activo se ve como algo productivo: nuestra cultura ignora y infravalora las formas más lentas de pensamiento. Esto está relacionado con el concepto que Occidente tiene del tiempo. Se ha generado una cultura interna psicológica de la velocidad. Estamos atrapados por la única modalidad de pensamiento que se caracteriza por la búsqueda de información, por el intelecto y la impaciencia y que implica que seamos explícitos y decididos, que tengamos una buena expresión verbal y que "mostremos resultados". Sólo se admiten las modalidades de conocimiento que operan en un sistema de alta velocidad, aquellas que utilizan el lenguaje como medio y la reflexión como método. Pero el problema es que hay muchos aspectos humanos que intentamos comprender con agudeza, atención y reflexión, cuando lo que necesitan es paciencia, intuición y tranquilidad.

Según el autor, el aprendizaje busca reducir la incertidumbre, pero al mismo tiempo, necesita tolerarla para que las ideas puedan germinar y dar respuestas. Estas otras modalidades más lentas de pensamiento dan acceso a la inteligencia inconsciente, que Guy Claxton llama submente.

Básicamente, la modalidad-d o pensamiento racional es aquel que trabaja con conceptos y generalizaciones; busca aplicar reglas y principios siempre que sea posible; prefiere la claridad a la confusión; aprecia las explicaciones razonables; es preciso y se sustenta en un lenguaje literal y explícito. Esta modalidad opera con una sensación de impaciencia y urgencia.

Las modalidades más lentas de pensamiento, o pensamiento intuitivo, en cambio, no se basan en la comprensión consciente y verbalizada de conceptos, sino en la intuición, la cual opera con imágenes. Estas formas más lentas aceptan informaciones vagas, efímeras, marginales o ambiguas; se detienen en los detalles que no encajan; son formas de pensamiento relajadas, ociosas y lúdicas, dispuestas a explorar sin saber con qué van a encontrarse. Aceptan la confusión como un terreno del que puede brotar la comprensión. Usan las posibilidades de enriquecimiento y alusión que les proporcionan la metáfora, la imaginación, los mitos y los sueños. Extraen patrones significativos, contingencias y relaciones que se encuentran distribuidas entre múltiples situaciones tanto en el tiempo como en el espacio. Son por eso especialmente adecuadas para abordar problemas complejos y sutiles. Precisan de tiempo, ya que extraen patrones comunes que están latentes en experiencias que a primera vista parecen diferentes.

Según Guy Claxton, la mente puede percibir, si se le da el tiempo necesario, nuevos patrones o significados en una información que la mente ya posee, y registrarlos conscientemente en forma de ideas o intuiciones, corazonadas o hipótesis que deben tomarse en serio, aunque también han de estar sujetas a crítica.

Igual que puede desarrollarse y educarse la mente racional, pueden aguzarse la intuición y la capacidad para "escuchar nuestro cuerpo", es decir, de saber interpretar esas impresiones débiles con las que nuestro organismo está dándonos datos relevantes. Se trata de afinar nuestras percepciones y desarrollar otras formas de ver y conocer más ricas de las habituales.

Para desarrollar las formas de pensamiento relacionadas con la intuición y la creatividad, el autor propone cuatro estrategias: 1) Ejercitar la detección o prestar atención a lo que nos rodea en sus detalles más insignificantes; 2) ampliar nuestra capacidad de concentración: "escuchar nuestro cuerpo" y aprender a interpretar las impresiones débiles con las que está dándonos datos relevantes; 3) desarrollar la sensibilidad poética y 4) desarrollar la atención mental, o sea, ser capaces de ver la realidad a través de nuestras suposiciones, estereotipos y prejuicios.

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