La autora comienza su escrito con la pretensión
de destituir una creencia fuertemente arraigada en los profesionales que
piensan y utilizan el jugar en la intervención con niños.
Y nos dice que el mismo es usualmente entendido como algo innato y universal,
al mismo tiempo que improductivo y placentero, como si los niños
jugaran porque sí y espontáneamente . Cuestiones ampliamente
difundidas en la bibliografía existente, especialmente la que se
ocupa del juego, como instrumento didáctico.
Para desterrar esta creencia, se apoya en su experiencia clínica
con niños, particularmente en el Centro de Desarrollo Infantil
(Institución abocada al diagnostico y tratamiento de niños
con patologías en su desarrollo) y, al mismo tiempo, en los aportes
de diferentes autores que pensaron el lugar del jugar en la niñez,
principalmente proviniendo del psicoanálisis.
Desde este lugar entiende al jugar como: "el efecto de un trabajo
que el infante realiza. Trabajo que como tal tiene su especificidad, su
lógica y su finalidad". Y ejemplifica: "hay niños
que coleccionan juguetes, otros se confunden con ellos. En ninguno de
estos casos se trata de trabajo lúdico".
Y partiendo de la siguiente afirmación: "Hay niños
que no juegan", realiza un análisis que va y viene entre los
conceptos de pulsión, sublimación, idealización,
identificación (tomados principalmente de la obra de Freud y Lacan)
y los extractos de diversos, variados, elocuentes materiales de sesión,
para el análisis y comprensión de este complejo fenómeno
que es el jugar.
Y nos dice: "para poder jugar hace falta algo que precede a la llegada
de un niño a la estructura y es precisamente que haya un juego
respecto a él."
En el capítulo que trata sobre el jugar, sublimar, aprender nos
acerca un concepto interesante para los que intervenimos en el campo de
la salud y de la educación y es que:
"Para poder aprender un niño necesita construir su cuerpo
y habitar su palabra. Precisamente ubico el campo del aprendizaje en ese
espacio virtual que va del uno a la otra."
En síntesis, un interesante texto que deja ver, en su interior,
una fuerte intención para que el lector se instale la pregunta
sobre el siempre inacabado espacio del jugar. Estimo también una
bibliografía interesante para los que intervienen con niños
con dificultades en su desarrollo en edades tempranas.

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